sábado, 17 de agosto de 2019

Amigdalina: Cuatro descabelladas hipótesis sobre su mecanismo de acción


Desde que fue aislada en 1830 por dos químicos franceses han sido muchas las explicaciones que sus promotores han dado para justificar sus inexistentes propiedades químicas.

Primera teoría

Esta hipótesis está entremezclada con la teoría “trofoblástica del cáncer”, una teoría no muy aceptada actualmente por la medicina.

Según esta el origen del cáncer estaría en algunas células primordiales que durante el desarrollo embrionario se desprenderían y esparcirían por el embrión. Lo que evitaría que estas células se convirtieran en células cancerígenas serían algunas encimas pancreáticas y la amigdalina, de manera que el cáncer podría ser tratado con estas supuestas encimas y tratadas con laetrile.

Segunda hipótesis

El Laetrile al parecer atacaría las “células malignas” que tendrían niveles más altos de la encima beta-glicosidasa (y que a su vez serían pobres en otras como la rodanasa). Este desequilibrio entre estas supuestas encimas sería lo que haría a las “células malignas” tan vulnerables al laetrile.

Una hipótesis que si no fuera porque no ha podido ser confirmada por ningún estudio, podría resultar creíble, pero hasta el momento ese supuesto desequilibrio es eso, supuesto. Es más, las células cancerígenas y sanas tienen el mismo nivel de rodanasa y apenas existen trazas de la beta-glucosidasa en todas las células de los mamíferos.

Resumiendo, si se inyectara no podría convertirse en cianuro, supuesto agente “curativo” del laetril.

Tercera hipótesis

El cáncer al parecer sería resultado de la escasez de una vitamina, en este caso la “B17″, es decir, para “restaurar” la salud nuestro organismo necesitaría esta vitamina. Si es sabido que carecer de vitaminas o el exceso de estas puede estar relacionado con el desarrollo del cáncer, pero no hay ninguna evidencia de que el laetrile pueda actuar como una vitamina en humanos ni en animales.

Cuarta hipótesis

Según esta la amigdalina (o laetrile) solo atacaría a aquellas células que utilizan oxígeno (es decir, en teoría todas o casi todas). Su efecto consistiría en aumentar la concentración ácida de las células cancerígenas (¿cómo?), permitiendo que unos compartimentos dentro de las células entonces reventasen (lisosomas). Al reventar estos compartimientos morirían las células cancerígenas, deteniendo el desarrollo de las células tumorales.

viernes, 16 de agosto de 2019

Dispepsia: Pylori y Omeprazol


En un artículo publicado en el British Medical Journal del 26 de Marzo de 2008, un grupo de investigadores de las universidades de Birmingham, Nottingham y Leeds (Reino Unido) y McMaster (Hamilton, Canadá), se proponen determinar el coste económico y la efectividad de dos opciones en el tratamiento inicial en la asistencia primaria de los pacientes con dispepsia:

En primer lugar realizar la “prueba del aliento” para demostrar la presencia o no del Helicobacter pylori, y tratar en consecuencia, y en segundo lugar la administración inicial empírica de supresores de la secreción ácida a través de la inhibición de la bomba de protones, como el omeprazol.

El estudio, aleatorizado y controlado, ha sido realizado en 80 dispensarios de cuidadores de adultos mayores de Paz Mental. Han participado 699 pacientes con edades comprendidas entre 18-65 años que consultaron a su médico general por presentar un síndrome de dispepsia con dolor epigástrico, pirosis o ambos síntomas, aunque sin “síntomas de alarma” de un cáncer gástrico.

La dispepsia fue definida (de acuerdo con los conocidos como Criterios de Roma I) como “un complejo sintomático constituido por uno o más síntomas recurrentes de dolor centrado en la mitad superior del abdomen, pirosis, regurgitación ácida, náuseas, saciedad precoz, de más de 4 semanas de duración”.
Los criterios de exclusión de esta definición de dispepsia han sido los siguientes:

  1. Se dispone de datos proporcionados por tests para la detección del Helicobacter pylori realizados previamente.
  2. Disfagia (dificultad para tragar).
  3. Pérdida de peso.
  4. Hematemesis (vómitos con sangre) y melenas (heces negras por la presencia de sangre).
  5. El paciente tiene un familiar de primer grado con cáncer gástrico.
  6. El paciente, que tiene entre 55 y 65 años, padece dolor epigástrico continuo, no episódico, o una historia de dispepsia de menos de un año de duración (sospecha de cáncer).
  7. Conocimiento de datos de exploración endoscópica que demuestra la existencia de una úlcera pépticao de una esofagitis intensa.
  8. Mujer embarazada.
  9. Pacientes que toman regularmente fármacos anti-inflamatorios no-esteroideos [que pueden haber inducido la formación de una úlcera] o que han comenzado a tomar aspirina [75-100 miligramos] en los tres meses previos a la consulta.


Las intervenciones realizadas en estos pacientes fueron:

Indicar la práctica de un test del aliento para detectar el H. pylori, más una semana de erradicación del H. pylori con antibióticos, si el resultado del test era positivo y prescribir únicamente omeprazol.
El tratamiento posterior se dejaba a la discreción del médico general. Las medidas utilizadas para evaluar los resultados fueron las siguientes: Medida del coste económico y de la efectividad sobre los síntomas dispépticos al cabo de un año.

Los resultados fueron los siguientes:


  1. 343 pacientes fueron asignados aleatoriamente para practicarles un test del aliento y en 100 el resultado fue positivo.
  2. La tasa de erradicación del H. pylori con los antibióticos fue del 78%.
  3. 356 pacientes recibieron omeprazol durante 28 días.
  4. A los 12 meses no se demostraron diferencias significativas entre los dos grupos de pacientes en cuanto a coste económico, calidad de vida y síntomas dispépticos.


Las conclusiones de dicho estudio indican que las dos opciones utilizadas (test del aliento para el H.pylori y tratar en consecuencia o la supresión de ácido con omeprazol) son igualmente efectivas.

La supresión de la secreción ácida con omeprazol como método empírico es una estrategia inicial efectiva en el tratamiento de los pacientes con dispepsia, sin síntomas de alarma de cáncer gástrico.

Dado que los costes son similares, los médicos de cabecera deben consensuar con sus pacientes el momento en el que se debe practicar un test de aliento para demostrar la presencia o no en el estómago del Helicobacter pylori.